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Un poco de Fabelo
La fuerza creativa desplegada en Cuba en los años
80, cuando los más jóvenes proponen nuevos lenguajes estéticos,
transforma las artes visuales con una vigorosa corriente de
renovación, cuyo primeros signos se hacen sentir desde la segunda
mitad de la década anterior. Este renacimiento, adoptado de manera
innovadora y personal por artistas individuales, involucra al
movimiento plástico nacional en un ambiente enriquecedor y complejo.
Los problemas universales y asuntos localizados en nuestro contexto
son asumidos con una óptica contemporáneo, que propicia hallazgos
notables en los que confluyen personalidades descollantes. Esa
necesidad colectiva de revolucionar el intelecto conmina a Roberto
Fabelo a concebir una obra mas analítica y controversial, de
acercamiento a la realidad circundante y a los problemas que atañen al
hombre. Con peculiar sensibilidad, Fabelo – explorador de mundos
imaginarios y recreador de atmósferas y ambientes- descubre
potencialidades, incorpora nuevos valores, se expande en creatividad y
asume un imaginario popular desbordante de un humanismo sin retórica.
El uso del papel kraft será el detonante en su
producción artística. Fragmentos vitales, obra primigenia de esta
etapa, inicia la génesis de este cambio y le distingue con el Premio
Internacional de Dibujo Armando Reveron en la I Bienal de La Habana en
1984. Este soporte se erigió en preponderante en su acto creativo,
concebido como series mediante varios dibujos aunados o como obra
independiente, manteniendo el rasgado como signo distintivo. La
incorporación de este material se intensifica y a finales de 1987
presenta un conjunto en una exposición personal en el Museo de Arte
Moderno de Cuidad México. Al año siguiente muestra otra colección en
el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana. El proyecto artístico
en ambas presentaciones individuales circunda la realidad del hombre
actual, inmerso en un mundo cuya soledad se trasluce en lo patético de
su figuración.
Por primera vez, en 1988 exhibe un grupo de
acuarelas en la Galería OMR en Ciudad México, las cuales tuvieron una
gran acogida de publico. Interrogado al respecto en aquella
oportunidad el autor explica como las acuarelas constituían aun
simples divertimentos dentro de sus presupuestos artísticos.
Estos acercamientos pictóricos se circunscriben a
pequeños formatos, en los que el autor descarga su gusto por la
pintura sin desdeñar la perfección de la línea y el uso del color
expande su registro estético. Las acuarelas amplían su superficie y el
nivel de complejidad en la estructura, perfilándose con un peso
especifico importante dentro de su ejecutoria plástica. En el transito
hacia esta jerarquización, las acuarelas dan perspectiva a su obra. Su
amplia iconografía desplegada adquiere otra magnitud y sus
composiciones atraen por la elegancia del conjunto. Los personajes
cobran un papel protagónico dentro del conflicto, presentando diversas
expresiones y actitudes. Se registra una intensa gama de versiones,
dadas por la integración de la figura humana junto a frutas y
animales, en una asociación metafórica., Su discurso artístico alcanza
una dimensión poética de un sensualismo cromático bien diferenciado
del uso del color en el kraft, cuya intención expresionista realza la
fuerza de la imagen. En las delicadas acuarelas procura un misterioso
intimismo, que se integra al resto de su obra por las preocupaciones
éticas del tema.
De esa dualidad aflora el genuino creador con una
obra maciza madura en sus dos vertientes.
Dibujante por excelencia – Primer Premio en la
Bienal Internacional de dibujo, Cleveland, Inglaterra, en 1993 –
Fabelo consigue la coherencia de su desarrollo creativo, alternando
los lenguajes sin menoscabo de uno por otro.
Grabador, asume también la pintura sobre lienzo y
la escultura en madera, signado por su identidad personal. En esa
confluencia formal expresiva, cuyos códigos rigen el mensaje en cada
especificidad, logra un variado repertorio que comparte los mismos
patrones éticos y estéticos. Con esta dinámica de su ejecutoria,
Fabelo construye una realidad otra, llena de ensoñaciones y fantasías,
donde conviven seres singulares ajenos a nosotros , pero al propio
tiempo, coterráneos y actuales. Nos conmina a curiosear con asombro en
esa interacción simbólica en virtud de la invención de arquetipos y
figuras. Nos inserta en su cosmos y nos hace cómplices de esa
pluralidad de visualidades.
Construye nuevas imágenes de lo real, creadas a
partir de la universalidad del individuo, en un entorno propiciador de
sugerencias y erotismo en el cual coexisten diferentes niveles de
lectura. Su reflexión actúa como una nueva forma de abordaje de
comportamientos actuales y constituye un continuo de su representación
de la imagen del mundo contemporáneo.
Tras quince años de su ultima exhibición personal
en esta sede, Roberto Fabelo se nos presenta diverso y multiplicado.
En Un poco de mí se aprecia como se amplían sus necesidades expresivas
con el abordaje de nuevas experiencias creativas. Estas imágenes
ofrecen un panorama selectivo y parcial del amplio espectro de
indagación del artista y posibilitan una exploración de las
preocupaciones más recurrentes del autor. Accede a diferentes soportes
para potenciar sus representaciones desde un horizonte de múltiples
propuestas. Los referentes se hallan en las carencias, el despilfarro
y los excesos a los que esta sometido el individuo. El hilo conductor
se teje entorno al drama del consumismo y la supervivencia. Sus
presupuestos teóricos denotan una preocupación de matiz ecológico, a
partir de la imperiosa necesidad del individuo de alimentarse, como
uno de los tantos problemas acuciantes que asechan al hombre en el
universo. Constituye un llamado a la subsistencia de la sociedad.
En Nuevos fragmentos vitales, de 1999, exhibida ese
año en la muestra colectiva Arte cubano. Más allá del papel en el
Centro Cultural del Conde Duque, en Madrid, reafirma su interés desde
1984. Utiliza el papel kraft en su forma original, rasgado y compuesto
por varios dibujos. Recupera el concepto instalacionista; cada
elemento complementa el conjunto. Al respecto el artista nos comenta:
“Me encanta el trabajo sobre papel, con esos desgarramientos. Eso dejo
una marca en mi. Esa crudeza siempre me ha interesado”[1]. A partir de
ese montaje, la muestra presenta estimulantes provocaciones, desde
diferentes ópticas analíticas, que priorizan la exaltación del
pensamiento crítico - reflexivo de nuestra época.
En las acuarelas actuales, el atractivo visual se
amplia por la magnitud de los formatos. Las coordenadas
interpretativas tienen como rasgo predominante ser transgresora del
motivos utilizados anteriormente. En Quince retratos locos retoma los
diferentes rostros trabajados en recuadros. Nos revela su fascinación
por los tipos diferentes dentro de la naturaleza humana, signo
distintivo de su poética. Entre las obras mas significativas se
encuentra Naturaleza casi viva o casi muerta, cuyas figuras satíricas
y grotescas nos provocan. De la confusión pictórica de esta imagen
dinámica emergen las encantadoras sirenas, esos seres fantásticos de
los mares, inalcanzables, cautivándonos con su belleza y sus cantos,
cual síntesis y expresión de esa búsqueda de imposibles inherentes al
ser humano. Aparecen devorándose dentro de un plato, tal como algunos
individuos pueden engullir sus propias ilusiones en ese afán por
conquistar utopías. Representan un compendio de nuestras propias
obsesiones y fantasías. Resultan reveladoras Plato preferido y Plato
mordido, paradigma dentro de una nueva línea expresiva dentro de las
acuarelas.
Su extensa compilación de óleos sobre madera,
realizados en distintas fechas e integrados en una suerte de retablo
–una secuencia de ocho puertas de madera- enriquece la visión de Un
poco de mi. Su sentido adquiere especial connotación, en tanto Fabelo
se aproxima a la vida como si fuera una representación teatral,
condicionada por los sucesos cotidianos donde se dan cita diferentes
maneras y actitudes del hombre en vinculo con la naturaleza. Esta
compleja instalación supone un dialogo desde un acercamiento
alegórico. Este propósito deriva de un distanciamiento con el panorama
natural y plantea un complejo universo de símbolos y empatías. La
presencia de su autorretrato evoca “un poco de nosotros”, en una
alianza bien lograda.
El dibujo sobre tela estampada es una novedad en la
producción artística de Fabelo. Utiliza un estilo sencillo y vigoroso,
con líneas fuertes que contraponen el blanco y el negro de una manera
muy gráfica, con un efecto azaroso en el diseño. Mediante expresivos
rasgos, con la sensualidad de la línea de un simple creyón de óleo los
motivos reiterados, procura un sentido decorativo y una sugestiva
atmósfera. Nos reitera a un Fabelo desprejuiciado, al presentar estas
telas sin enmarcado, alejadas de lo convencional.
Utiliza esta misma técnica en composiciones de
variadas telas, embastadas por las orillas. Este método de “empatar”
le vincula a los papeles kraft. Consigue amplias superficie y coloca
figuras con un fuerte desempeño provocado por la monumentalidad.
Acentúa la esencia de la idea a comunicar y el tema adquiere otra
categoría. El propio carácter de la instalación requiere de la crudeza
de los tonos, dentro de un colorido más sobrio, para conseguir la
imagen poética y la calidad visual requerida.
Dentro del concepto general del drama del sustento,
nuevos lenguajes enriquecen su estética en obras tridimensionales de
gran magnitud. Desde el propio material seleccionado se establecen
múltiples asociaciones. La más elemental esta dada por el uso común
otorgado a este metal en la elaboración de los alimentos, apreciada en
el devenir histórico del hombre. Aprovecha la capacidad de moldeado
del aluminio y manipula su apariencia de “viejo” en la terminación de
los objetos. Sus propósitos conceptuales son trasladados a las formas
escultóricas, donde un toque humor asoma en muchas de las soluciones.
Los platos, cucharas, tenedores, cuchillos, jarros, cafeteras y el
cucharón contribuyen a enriquecer la pluralidad de los soportes que
conforman el corpus de esta muestra. Adquieren personalidad propia y
ofrecen un amplio registro de sugerencias dentro de una extensa gama
de interpretaciones. Nos remiten a asuntos ya tratados por el artista
en dibujos, acuarelas y telas, tratados ahora a mayor escala. La
relación simbólica se enfatiza con las tiras de tela roja y negra
anudadas en algunas piezas con las cuales alude a polos tan opuestos
como el valor de la vida y la muerte. Se asume la inmanencia del
objeto mismo desde paradigmas estéticos que conjugan sensibilidad,
talento y gusto artístico en un proceso de aprehensión de diversas
formas de la experiencia. Adopta una actitud pluralista, abierta, e
incorpora los objetos desde el efecto de lo confuso, de lo caótico, de
lo arbitrario, dentro del espectro de contradicciones propias de la
sociedad. El nexo entre estas esculturas de gran formato como
elementos de confluencia sobre una mesa virtual establecen relaciones
muy intensas, que forman parte del desafío del autor.
Sobre el propio tema de la supervivencia, en El
equilibrista nos presenta un plato con un individuo sobre el filo de
un cuchillo, empecinado en la búsqueda del equilibrio y con el temor
latente por el riesgo que corre, aunque esta postura es susceptible de
asumirse desde diversos significados. Otro plato sugiere la
interrelacion que se establece entre platos, cazuelas , jarros, y
cafeteras, marcados por el uso, junto a la figura de un diminuto
hombre, quien, inútilmente, intenta relacionarce con los objetos,
metáfora que alude a las dificultades de la búsqueda del sustento. Ya
en las acuarelas había aparecido el muro del malecón con motivo de
interés. En Mar interior, un muro infinito y circular con sus
características torrecillas, circunda el borde interior del plato. Su
concepción aporta otra cualidad: la propia muralla alcanza una
dimensión especial y el espíritu inherente al malecón alcanza otro
carácter, pleno de sugerencias. Constituye un homenaje a ese
componente arquitectónico que enaltece a la capital, tan visitado por
sus moradores. La fuerza de lo sorprendente, la atracción por lo
insólito y lo inusitado, adquieren preeminencia en El misterio: un
plato colocado al revés, alzado un tanto de la superficie del piso,
pues provocativo y enigmático nos insta a curiosear. Esta insinuación
involucra al receptor en el juego de la búsqueda.
Las cucharas, tenedores y cuchillos tienen vida
independiente y actúan como elementos catalizadores de este proceso
general. Contienen elementos metafóricos: una manada de pequeños
elefantes de juguetes, un cumulo de cubiertos o residuos óseos de
animales. Retoma la importancia del equilibrio en un cucharón con dos
piedras como contrapeso. Atractiva por lo contrapuesto de los
materiales utilizados, es la cuchara que un espejo, que al reflejar
nuestra imagen nos reconcilia con lo rudimentario del metal. Aprovecha
los dientes de un tenedor para concebir el signo del dólar en La pasta
verde.
La cafedral –cafeteras soldadas, con pequeños
espejos interiores- es una aproximación a este tema desde una escala
mayor. Mediante el reciclaje de materiales y objetos. Recupera y
transforma la materia para presentarnos también “un poco de nosotros”.
Transmite la tragedia de la subsistencia, nos involucra en las
carencias, en los excesos. Al penetrar su interior, percibimos una
atmósfera secundada por los espejos donde se proyecta nuestra imagen.
Convencido de las potencialidades de la heterogeneidad del arte, se
adhiere a estos efectos, propiciados por la facultad de sentir y
procesar las percepciones. Sus búsquedas revela como la realidad esta
llena de cosas extraordinarias, que fuerzan a mantener la vitalidad de
la imaginación.
Una conexión directa existe entre las acuarelas,
las esculturas y las instalaciones. Las amplias esculturas potencian
los mensajes de los papeles kraft. La primacía de las formas se ha
convertido en pauta de su expresión plástica. “ Abordo temas y
subtemas diferentes desde una formación de códigos figurativos y me
interesa la esencia de los objetos. No puedo dejar de dibujar, no
puedo dejar de pintar. Me encanta el medio pictórico y esa relación
que tengo con el papel, pero carezco de tiempo para canalizar todas
mis inquietudes. Ahora se amplia mi visión de los objetos usados que
nos envían mensajes. A partir de estas piezas de carácter escultórico,
quiero continuar una especie de labor instalacionista y desplegar una
línea de trabajo con esta relación que me ha añadido una nueva mirada
para estas formas. Los asumo con una intencion diferente al atribuirle
un sentido especial a los objetos ya usados, que nos brindan mensajes
de actualidad o de un momento ya pasado. Enfrascado en pleno proceso
creativo, el autor nos comenta lo fascinante de esta oscilación de
unas soluciones a otras, cuya característica mas sobresaliente es que
contengan la suficiente ambigüedad de ofrecer un registro de
interpretación autónomo. Afiliado al sentido practico de las
asociaciones de significados, aprovecha el potencial simbólico y
paródico de la plástica contemporánea.
Roberto Fabelo se integra en el contexto local y en
el internacional con un lenguaje autentico. Sus referencias en las
corrientes interculturales le vinculan al discurso artístico
internacional sin perder su identidad. Su preocupación por el entorno,
la naturaleza, y la participación del espectador en este ensayo
enriquecedor, expresa la coherencia de su arsenal creativo. Al
incorporar materiales y objetos encontrados, intenta acercarse a su
cultura en un evidente interés de compenetración con su hábitat. El
disfrute de su anecdotario trasciende las expresiones de la
experiencia humana, creando un universo donde conviven
realidad-irrealidad con características de lo cotidiano. Su continuo
plástico mantiene un equilibrio entre los distintos lenguajes
abordados, plenos de libertades formales y alternativas de estilos.
Sus indagaciones y sus diversas maneras de expresión delatan un
sustancial cambio cualitativo. Su importancia como artista se reafirma
con su ingreso en la nomina de autores de la colección de
autorretratos de la Galería degli Uffizi, de Florencia, junto a los
aproximadamente mil trescientos autorretratos, de los que solo cinco
corresponden a pintores latinoamericanos, lo que constituye un acicate
para el autor y patentiza la madurez de su obra para prestigiar la
modernidad artística nacional.
Hortensia Montero Méndez
Abril de 2003
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