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A lo largo de una amplia y exitosa trayectoria, la presencia de Roberto
Fabelo en el Museo Nacional de Bellas Artes –cuando presenta la
exposición Un poco de mí, en mayo de 2003- constituye la demostración de
sus potencialidades como un genuino autor pleno de inquietudes
creativas. Nos descubre el valor del objeto en sí mismo y su importancia
como individualidad; lo potencia y sobredimensiona al tiempo que lo
conjuga, en aras de lograr la concepción artística. Constituye un
momento en que descubrimos a un hombre que pone su intelecto en función
de desmarcarse de los pequeños formatos para componer instalaciones
abarcadoras de un mayor espacio y conceptualmente más complejas. Este
cambio de sensibilidad junto a su empeño y entusiasmo al servicio del
arte le conceden una enriquecedora experiencia de búsquedas y hallazgos.
La propuesta actual desarrolla un continuo de sus preocupaciones
ontológicas y reitera su marcado interés por los objetos. Existe una
estrecha relación entre ambas exposiciones; es más, esta surge como una
consecuencia natural de aquella. Establece un proceso de continuidad por
cuanto incorpora nuevas posibilidades experimentales de su trabajo sin
dejar de articular una secuencia progresiva desde un múltiple y extenso
registro. Quizás el mayor reto consiste en presentarlas tan cercanas en
el tiempo, sin que las soluciones defrauden las expectativas.
Sin embargo, este proyecto es más agudo y atrevido en relación con el
anterior. El objetivo del artista es presentar las angustias del hombre
moderno ante la sinrazón, sin imponer un único punto de vista. Es una
reflexión sobre la amistad, el amor y la muerte; un pase de cuentas a la
decadencia mundial. El autor sopesa cómo el mundo estalla de nuevo, cómo
los valores están en crisis en una situación internacional muy
inestable, propiciatoria de conflictos.
 
Fabelo ha demostrado una vocación ferviente por la exaltación de los
valores humanos así como un profundo interés por develar la capacidad
del arte para propiciar comprensión y conocimiento. Caracterizada por la
pluralidad y las diferencias, dada por el intercambio de
manifestaciones, la impronta axiológica de estas obras propone una
postura abierta al vínculo directo con el espectador. Desde su título
(Mundos) se avizora la intencionalidad de esta muestra, que enriquece
nuestro acervo cultural a partir de premisas hermenéuticas establecidas.
Constituye una obra testimonial, de ahí emana su carácter social,
colectivo y popular. Fabelo refleja un amor profundo a sus convicciones
al tributar la connotación de mundos a relevantes personalidades de
nuestra tradición independentista. Atrapa la imagen de Martí, su legado
y espíritu en Mundo de luz; y sintetiza la intención simbólica en el
Proyecto para un homenaje a Maceo, apostando por una revalorización de
la historia y una supervivencia de la cubanía, de la identidad.
En su interés cohabitan diferentes opciones o miradas sobre un mismo
tema mientras la línea imaginativa, junto a la excelente factura,
garantiza la multiplicidad de modos de expresión. El leitmotiv de la
muestra es el elemento circular apreciado en diferentes soportes. Esta
obsesión origina la rebeldía en la cual subyace una serie de
proposiciones diversas. Se nos revelan perspectivas múltiples
constituidas individualmente mediante diferentes componentes: casquillos
de balas, huesos, cubiertos, cucarachas o telas. La crueldad manifiesta
en Mundo K, alude al universo kafkiano y expresa lo revelador del
mensaje pues se conoce que los únicos sobrevivientes de una guerra
nuclear serán las cucarachas. Esta práctica, abordada en la serie de las
esferas, alcanza una emotividad visual importante y marca pautas para el
abordaje de una mirada crítica, a partir de la complejidad de la
realidad. El conjunto se complementa por la persistencia del artista en
el dibujo, esta vez sobre telas estampadas o cartón tabla, en las cuales
se amplía el espectro de imágenes contenidas en numerosos bocetos.
La obra de Fabelo es un amplio S.O.S. emitido a través de la
presentación de mundos heterogéneos, asumidos con un sentido simbólico.
La dependencia e importancia de la reiteración del símbolo se hace
patente, inclusive, en las telas exhibidas. Si bien estas reflejan un
ambiente delicado en contrapunteo con la imagen abordada en el resto del
conjunto, no es por azar que los dibujos sobre tela estampada muestran
un tratamiento suave y retoman el contenido erótico y sensual
característico del autor, que responde a su capacidad para mantenerse
optimista a pesar del dramatismo que acecha al universo.
Reflexivo ante las contingencias y con una mirada filosófica, Fabelo nos
propone cinco esferas colgadas del techo, que parecen levitar en el
espacio sideral y producen una agradable sensación de ingravidez. Su
presencia nos conmueve, pues el conjunto alude a la diferencia que
contienen diversos ámbitos. Sus presupuestos ideoestéticos conllevan a
una advertencia sobre los tiempos que corren y reclaman la solución de
los problemas más urgentes y acuciantes de la humanidad. El hilo
conductor es el llamado de alerta al peligro latente que nos acecha y la
voluntad del artista de mimetizarse con el espíritu de su época. Dentro
de este universo se percibe un ambiente de incertidumbres, pesares y
esperanzas, que se expresa en el horror a las guerras, a la violencia, y
reabre los caminos de la imaginación en torno a este entramado de
referencias visuales.
Una vez más, su consagración artística se asienta en un argumento
conceptual conmovedor. Figura clave en la consolidación de la vanguardia
contemporánea y de su influencia en el panorama cultural nacional,
Fabelo delata la presencia de un artista fiel a los ideales de
innovación desde una lealtad pasional al compromiso con su cultura y
país.
Hortensia Montero septiembre de 2005
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