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Presagios… ¿Otro mundo emerge? Hortensia Montero septiembre de 2005.

A lo largo de una amplia y exitosa trayectoria, la presencia de Roberto Fabelo en el Museo Nacional de Bellas Artes –cuando presenta la exposición Un poco de mí, en mayo de 2003- constituye la demostración de sus potencialidades como un genuino autor pleno de inquietudes creativas. Nos descubre el valor del objeto en sí mismo y su importancia como individualidad; lo potencia y sobredimensiona al tiempo que lo conjuga, en aras de lograr la concepción artística. Constituye un momento en que descubrimos a un hombre que pone su intelecto en función de desmarcarse de los pequeños formatos para componer instalaciones abarcadoras de un mayor espacio y conceptualmente más complejas. Este cambio de sensibilidad junto a su empeño y entusiasmo al servicio del arte le conceden una enriquecedora experiencia de búsquedas y hallazgos.

La propuesta actual desarrolla un continuo de sus preocupaciones ontológicas y reitera su marcado interés por los objetos. Existe una estrecha relación entre ambas exposiciones; es más, esta surge como una consecuencia natural de aquella. Establece un proceso de continuidad por cuanto incorpora nuevas posibilidades experimentales de su trabajo sin dejar de articular una secuencia progresiva desde un múltiple y extenso registro. Quizás el mayor reto consiste en presentarlas tan cercanas en el tiempo, sin que las soluciones defrauden las expectativas.

Sin embargo, este proyecto es más agudo y atrevido en relación con el anterior. El objetivo del artista es presentar las angustias del hombre moderno ante la sinrazón, sin imponer un único punto de vista. Es una reflexión sobre la amistad, el amor y la muerte; un pase de cuentas a la decadencia mundial. El autor sopesa cómo el mundo estalla de nuevo, cómo los valores están en crisis en una situación internacional muy inestable, propiciatoria de conflictos.

Fabelo ha demostrado una vocación ferviente por la exaltación de los valores humanos así como un profundo interés por develar la capacidad del arte para propiciar comprensión y conocimiento. Caracterizada por la pluralidad y las diferencias, dada por el intercambio de manifestaciones, la impronta axiológica de estas obras propone una postura abierta al vínculo directo con el espectador. Desde su título (Mundos) se avizora la intencionalidad de esta muestra, que enriquece nuestro acervo cultural a partir de premisas hermenéuticas establecidas. Constituye una obra testimonial, de ahí emana su carácter social, colectivo y popular. Fabelo refleja un amor profundo a sus convicciones al tributar la connotación de mundos a relevantes personalidades de nuestra tradición independentista. Atrapa la imagen de Martí, su legado y espíritu en Mundo de luz; y sintetiza la intención simbólica en el Proyecto para un homenaje a Maceo, apostando por una revalorización de la historia y una supervivencia de la cubanía, de la identidad.

En su interés cohabitan diferentes opciones o miradas sobre un mismo tema mientras la línea imaginativa, junto a la excelente factura, garantiza la multiplicidad de modos de expresión. El leitmotiv de la muestra es el elemento circular apreciado en diferentes soportes. Esta obsesión origina la rebeldía en la cual subyace una serie de proposiciones diversas. Se nos revelan perspectivas múltiples constituidas individualmente mediante diferentes componentes: casquillos de balas, huesos, cubiertos, cucarachas o telas. La crueldad manifiesta en Mundo K, alude al universo kafkiano y expresa lo revelador del mensaje pues se conoce que los únicos sobrevivientes de una guerra nuclear serán las cucarachas. Esta práctica, abordada en la serie de las esferas, alcanza una emotividad visual importante y marca pautas para el abordaje de una mirada crítica, a partir de la complejidad de la realidad. El conjunto se complementa por la persistencia del artista en el dibujo, esta vez sobre telas estampadas o cartón tabla, en las cuales se amplía el espectro de imágenes contenidas en numerosos bocetos.

La obra de Fabelo es un amplio S.O.S. emitido a través de la presentación de mundos heterogéneos, asumidos con un sentido simbólico. La dependencia e importancia de la reiteración del símbolo se hace patente, inclusive, en las telas exhibidas. Si bien estas reflejan un ambiente delicado en contrapunteo con la imagen abordada en el resto del conjunto, no es por azar que los dibujos sobre tela estampada muestran un tratamiento suave y retoman el contenido erótico y sensual característico del autor, que responde a su capacidad para mantenerse optimista a pesar del dramatismo que acecha al universo.

Reflexivo ante las contingencias y con una mirada filosófica, Fabelo nos propone cinco esferas colgadas del techo, que parecen levitar en el espacio sideral y producen una agradable sensación de ingravidez. Su presencia nos conmueve, pues el conjunto alude a la diferencia que contienen diversos ámbitos. Sus presupuestos ideoestéticos conllevan a una advertencia sobre los tiempos que corren y reclaman la solución de los problemas más urgentes y acuciantes de la humanidad. El hilo conductor es el llamado de alerta al peligro latente que nos acecha y la voluntad del artista de mimetizarse con el espíritu de su época. Dentro de este universo se percibe un ambiente de incertidumbres, pesares y esperanzas, que se expresa en el horror a las guerras, a la violencia, y reabre los caminos de la imaginación en torno a este entramado de referencias visuales.

Una vez más, su consagración artística se asienta en un argumento conceptual conmovedor. Figura clave en la consolidación de la vanguardia contemporánea y de su influencia en el panorama cultural nacional, Fabelo delata la presencia de un artista fiel a los ideales de innovación desde una lealtad pasional al compromiso con su cultura y país.

Hortensia Montero
septiembre de 2005